Los intercesores aquí reunidos en reverencia y sujeción al Dios Todopoderoso, Señor de las naciones y Redentor de los pueblos, reconocemos que MÉXICO ha entrado en una
nueva temporada espiritual, determinada por la voluntad soberana de Dios y establecida por Su Palabra eterna. Entendemos que este tiempo no surge por iniciativa humana, sino por el mover del Espíritu de Dios, quien llama, corrige, restaura y establece Su propósito en la tierra.